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  • La tragedia de la parvada

    La tragedia de la parvada

    Todas las mañanas, los humanos abren sus ventanas para dejar entrar la melodía que se escucha entre los árboles. Para los hombres esa tonada es alegre e inspiradora, aseguran que es una evidencia de que el arte es algo natural; creen que es una señal de la dicha que acompaña al sol. A los humanos les encanta la canción de la parvada porque pueden escucharla, pero no entenderla.

    Los que conocemos el idioma de los pájaros, tenemos una reacción distinta a su canto. Cuando empieza a sonar la letrilla en el aire, el jaguar se enfurece gruñendo a quien tenga la desdicha de estar cerca, los cocodrilos se esconden en las aguas mirando con sospecha y odio al mundo que los rodea y las comadrejas huyen de sus casas sabiendo que el fin se acerca. Yo solo escucho con tristeza esa melodía pensando en lo que pudo haber sido una idea noble.

    Antes de que los pájaros cantaran, las voces viajaban lentamente. Para los zacatuches era toda una travesía bajar de la montaña para avisarle a las marmotas que empezaba a oler a azufre. Los salmones tenían que empezar su migración a ciegas, esperando que su destino no estuviera infestado de osos u otros depredadores. Si se quería saber qué estaba pasando en los reinos del norte, había que esperar a esa época del año en que las mariposas regresan de su peregrinación.

    Un grupo de pájaros se dio cuenta de que los emplumados tenemos una enorme ventaja sobre el resto de los animales. Volar hace sencillo recorrer largas distancias. Entonces decidieron hacer un bien utilizando ese don: informar. Así empezaron a llevar las noticias hacia los lugares más remotos en menos de la mitad de lo que tardaban antes.

    Con el tiempo la parvada empezó a crecer. Cuando empezaron, un solo pájaro tenía que recorrer largas distancias para que su información fuera escuchada por todos. En poco tiempo, hubo suficientes miembros de la bandada para diseñar un sistema en el que varias aves estuvieran listas para llevar el mismo mensaje a diferentes lados.

    Las marmotas ya no tenían que esperar a los zacatuches para saber si la montaña se estaba despertando. Aquellos que migran podían hacerlo sabiendo perfectamente qué tan seguro era su destino. Incluso, ya nadie molestaba a las mariposas preguntándoles qué pasaba en el lejano norte.

    El grupo empezó a ser esencial en la vida de los animales. Varios agradecían a los cantantes con comida o protección. No había animal que no se pusiera a escuchar todas las mañanas la melodía que las aves entonaban. Hasta yo, que no le tengo mucho aprecio al ruido matutino, reconozco el bien que la parvada hacía para el resto.

    Es una pena que condiciones en donde todo el mundo te necesita y te respeta, son perfectas para que crezca un cierto hongo. Este merece su propio cuento; lo único que diré es que cuando crece de manera controlada llega a ser un gran eliminador de plagas, y puede servirse en varios platillos que son ricos y saludables. Pero, si no se controla su crecimiento, termina arrasando con todo lo que toca. Los humanos suelen llamarlo “orgullo”.

    El hongo creció discretamente en lo más profundo de la parvada. Las aves que dirigían se dieron cuenta de que les encantaba esta nueva atención que recibían. Anteponiendo la relevancia por encima de la importancia guiaron sus canciones en torno a las historias más populares. No había pájaro que no tuviera opinión sobre la pelea entre la rana y el sapo. Se dedicaba un verso entero al nuevo romance entre los flamencos. Fue una pena que muy pocos consideraron importante la historia de la madre oso, es probable que un mayor esfuerzo de la parvada hubiera podido ayudar a encontrar a su cría antes de que fuera demasiado tarde.

    Las noticias no solo eran arbitrariamente elegidas, sino también exageradas. El jaguar, que solamente era considerado un depredador muy embustero, se convirtió en un verdadero villano. Según la parvada no había cosa que ese gato hiciera, que no fuera un peligro para el resto de la selva. Hubo un momento en donde las opiniones se dividían entre  estar en contra de todo lo que el felino dijera, o defenderlo de cualquier crítica. La parvada no se dio cuenta de que al intentar desacreditarlo, lo convirtieron en un rey. 

    Los zacatuches eran los encargados de pasar cualquier información relevante, sobre las condiciones del volcán a la parvada. Cuando ocurría algún movimiento de la tierra; se asomaba un olor a azufre o el agua presentaba un sabor diferente, los zacatuches pedían que  se informará a las marmotas, recordándoles que estas señales podían o no tener algún significado y que no era necesario alarmarse, solo estar atentos. A los pájaros se les olvidaba dar esta última explicación. Las pobres marmotas vivían presas de la ansiedad provocada por la idea de que cada vez estaba más cerca la erupción volcánica. Yo ya llevo varios años viendo la montaña y esperando a que llegue esta inevitable catástrofe.

    Cuando los cocodrilos opinaron que los ríos podían ser más limpios si todos sus habitantes cooperaban, los pájaros cantaron coros enteros sobre la supuesta rivalidad entre cocodrilos y los peces. Las canciones transformaron en realidad, esa falsa enemistad. En la actualidad los ríos siguen sucios porque nadie puede cooperar con sus supuestos enemigos.

    Por alguna razón, el fin del mundo es la noticia más esperada. Las aves saben esto y usan este conocimiento para alimentar al hongo que han cultivado. Hay que reconocer que los pájaros nunca dijeron una mentira, pero las verdades tienden a adoptar significados diferentes dependiendo de la manera en que son contadas. La actitud y ambición de la parvada ha causado que el resto de los animales desconfíen de ella.

    Hubo otros intentos de hacer lo mismo que la parvada logró. Las iguanas pensaron que podían usar su velocidad para hacer algo similar. No obstante, en vez de ser ayudadas o aconsejadas por los pájaros, fueron criticadas y menospreciadas, originando un resentimiento entre ambos grupos que parece crecer con el tiempo.

    Es realmente increíble como el hongo ha crecido tan profundo que las aves culpan a la “baja inteligencia” de los animales, por la falta de confianza que ellos mismos se ganaron.

    Desearía poder escuchar el canto que los humanos oyen. A veces su ignorancia es envidiable. Les deseo de todo corazón que nunca entiendan el idioma de las aves. Ya quisiera yo poder disfrutar la melodía de la mañana, en vez de sufrir por la tragedia de la parvada.

  • La receta de la abuela

    La receta de la abuela

    Hace unos días, dos golondrinas se pusieron a platicar a mi lado sin importarles que algunos preferimos dormir durante el día. Como todas las pláticas entre esos pájaros, el tema de conversación fue cambiando sin ninguna estructura o sentido. Sin embargo, hubo un pedazo de la charla que captó mi interés.

    Una le preguntó a la otra “¿crees que hay alguna manera de evitar que la muerte te lleve?”. No me acuerdo qué absurdes le contestó, pero yo sabía la respuesta. Pues conocí a alguien que lo logró.

    No muy lejos de mi árbol se encuentra la Cabaña de la Abuela, que generalmente era muy concurrida, sobre todo a la hora de la comida. Esto porque no había humano que pudiera resistirse a la sopa de la abuela.

    Ella solía decir que su madre le enseñó la receta cuando era niña. Aunque varias veces la vi prepararla nunca entendí bien qué había de especial en su platillo. Quizás eran los instrumentos que usaba lo que la hacía especial; o tal vez, eran los extraños ingredientes que le ponía. Mi teoría es que algo tenían que ver las sombras, las cuales solo yo lograba notar. Esas que aparecían cuando ella cocinaba.

    Antes era de la creencia de que los humanos solo arruinaban su comida calentándola y poniéndole plantas raras; pero no puedo negar que el olor de su sopa era uno de los más deliciosos que he percibido.

    A la abuela le fascinaba compartirla. Su comedor siempre estaba lleno a la hora de comer. De todas las personas que la visitaban la que probablemente la hacía más feliz era su nieta, la cual iba a aprender cómo hacer la sopa. Ambas solían pasar el rato cocinando. Al verlas parecía como si a la receta le hubieran agregado un nuevo ingrediente: la alegría.

    Inevitablemente la niña creció y dejó de ser dueña de su tiempo. Sus visitas ya no eran frecuentes, hasta el punto en el que desapareció. No obstante, la abuela siguió preparando su sopa, aunque con una sonrisa un poco más corta.

    A la huesuda le gusta pararse de vez en cuando debajo de mi árbol. Por esta razón estoy muy acostumbrado a su presencia y puedo sentir cuando está cerca. Desafortunadamente así fui el primero en saber que se acercaba lo inevitable.

    El aire alrededor de la cabaña se volvió más frío. La piel de la abuela empezó a palidecer. Sus piernas dejaron de tener la misma fuerza y sus ojos cada vez veían con mayor detenimiento al horizonte.

    Cuando la Parka se apareció en una tranquila noche, el mundo se llenó de luto. La gente que antes acudía con anticipación ahora llegaba con tristeza. Años después, La cabaña quedó abandonada y solo yo, de vez en cuando, me posaba cerca para vigilarla.

    Con el tiempo pensé que jamás volvería a disfrutar ese exquisito olor, pero un día en el que estaba descansando en mi árbol algo extraño sucedió. No era exactamente el mismo, pero si un aroma muy similar. Lo seguí hasta la antigua casa y ahí me encontré a una señora cocinando sopa.

    Era más grande y tenía el pelo de diferente manera, pero inmediatamente reconocí a la nieta que solía ir a aprender. Preparaba el platillo con los mismos instrumentos e ingredientes extraños. También estaban las mismas sombras que solían aparecer, pero noté que las acompañaba una nueva. No puedo explicar cómo, pero reconocí que era la abuela intentando guiar a su nieta en el proceso. Fue así cuando me di cuenta de que las otras sombras eran personas intentando hacer lo mismo. Todas parecían tener rasgos físicos muy similares y no había una sola que no se viera contenta de ser invocada.

    Hasta el día de hoy la abuela sigue guiando, junto con los otros, a su nieta mientras ésta le enseña la receta a su hijo. He visto a varias de las personas que solían acompañar a la abuela intentar replicar la sopa y aunque la mayoría no han sido exitosas, cada una es acompañada por las mismas sombras.

    Si la golondrina me hubiera preguntado a mi “¿Crees que hay alguna manera de evitar que la muerte te lleve?” yo sabría perfecto que contestarle. Pues sé que la abuela nunca se irá mientras alguien continue haciendo su receta.

  • La lealtad del chapulín

    La lealtad del chapulín

    Nunca es agradable ver cómo alguien te roba un bocadillo, pero que otro me ganara precisamente este aperitivo, fue demasiado frustrante. Incluso los humanos estarían de acuerdo en que los chapulines son deliciosos, aunque nunca te llenen. Este se veía particularmente exquisito.

    La primera vez que lo vi estaba saltando cerca de mi árbol. Iba sin ningún cuidado hasta que se encontró con una araña. Ella apenas lo notó, pues estaba muy concentrada en la construcción de su telaraña. Orgullosa de su trabajo,  preguntó al chapulín qué opinaba de su creación. Este, viendo la oportunidad que le brindaba tener a un protector de ese tamaño y una casa ya construida, empezó a decirle lo hermosa que le había quedado y la envidia que le daba no poder hacer algo igual. Ella, aceptó los elogios sin darse cuenta de que el chapulín ni siquiera había puesto la mirada en su obra de arte.

    La araña empezó disfrutar tener cerca al chapulín, para poder contarle por qué las de su especie hacían las mejores casas en toda la naturaleza. Él solo asentía, pero sus oídos eran como una telaraña mal hecha en donde las moscas pasan, pero ninguna es atrapada. Así fue la relación entre ambos hasta que llegó el conejo.

    Entonces empezó una enorme discusión entre arácnido y zacatuche. Una argumentaba que un hogar debe estar diseñado como instrumento para conseguir comida. El otro, decía que un agujero en el suelo es el mejor lugar para vivir, ya que fácilmente te protege de depredadores. Sin embargo, en todo el debate el único razonamiento que tomó en cuenta el chapulín fue el tamaño del conejo y su probable eficacia como protector.

    Cuando inevitablemente el insecto saltarín fue obligado a participar en la discusión sorprendió a la araña diciendo que una madriguera es mejor que una telaraña. Ese grillo cada vez se me antojaba más, pues a mis ojos se veía igual a una rata.

    Pensando que había ganado la protección perfecta, el insecto se fue con el conejo. Cada cri-cri era una alabanza sin sentido a la morada de su “amigo” peludo. Los zacatuches tienen oídos muy sensibles, por lo que no me extraña que se cansara rápido de tanto chirrido. Fue un alivio para él cuando llegaron las abejas.

    Las zumbadores iban presumiendo el nuevo panal, construido con el esfuerzo de toda la colonia. El grillo pensó que ellas probablemente eran más poderosas que su actual compañero, debido a la superioridad en números y a su habilidad para volar. Por ello, saltó hasta encontrarse con el panal listo para ganar su favor.

    Entre tanto zumbido realmente nadie escuchaba esa pequeña voz hablando de lo impresionante que eran las casas hechas de cera. Fue una pena que los emplumados somos recibidos con hostilidad por los obreros alados; pues ya no podía resistir las ganas de comerme a ese chapulín.

    El saltarín a lo lejos alcanzó a ver a un pájaro. “¿Qué puede ser mejor que un animal grande y alado como protector?” pensó y abandonó a las abejas en busca de satisfacer su ambición. Ya tenía preparado su discurso acerca de cómo los nidos eran las mayores obras de arte, que un animal podía hacer; una idea que me sonaría bastante sensata viniendo de cualquier otro.

    Lo que él no tenía previsto es que a los pájaros también nos encanta comer saltamontes. Así fue como un descarado gorrión se comió mi bocadillo antes de que éste pudiera decir una palabra.

    Días después, la telaraña creada con tanto esfuerzo, fue arrancada por el viento. A la semana, una fuerte lluvia inundó la madriguera, arruinando las largas horas de trabajo del conejo. Treinta días después, el panal se cayó cuando la rama en la que estaba puesto no pudo aguantar más su peso. Las abejas estuvieron de luto durante mucho tiempo, porque con esa rama también cayó el monumento a su habilidad para trabajar en equipo. El pájaro abandonó su casa cuando sus hijos crecieron, sin embargo, éste sigue ahí cerca de mi árbol. Incluso ha sido el hogar de otras aves que no tenían la paciencia de construir uno por ellas mismas.

    Todos estos trabajos fueron llorados, algunos fueron imitados y de ellos uno fue reutilizado. Hoy cuando se habla de la madriguera también se habla del conejo, lo mismo que de los otros y sus respectivas obras. Lo interesante es que nadie podía acordarse del chapulín un día después de que fue devorado, ni siquiera el gorrión que me lo gano.

    A mí se me pasó rápido la frustración de que me lo robaran. Al final chapulines hay muchos, ninguno te llena y si soy totalmente sincero todos saben igual. 

  • La tarea de la muerte

    La tarea de la muerte

    “Al Fin!” grito el viejo, sin ningún respeto por los que si tenemos algo que hacer en la noche,  cuando la Flaca se le apareció en su cuarto. La Catrina, sorprendida, y un poco indignada, contestó: “¿Así me recibes, de forma impaciente, cuando la mayoría de los mortales no quieren verme nunca? Cuando me le aparezco a alguien, espero que me insulte, me suplique, que intente negociar o incluso pelear contra mí; pero, siempre es raro ver que alguien se rinda de manera tan fácil.”

    El viejo, con la mirada baja, le contestó “Estoy cansado. Después de 80 años de vida ya no se puede hacer nada. He aprendido todo lo que tenía que aprender. Hace dos años te llevaste a mi esposa y me dejaste solo. Mi familia, aunque no lo dicen, me consideran un estorbo. No entiendo a mi nieto ni a su generación. El mundo es totalmente diferente al que yo crecí, por lo tanto, ya no me necesita. Entonces, claro que te recibo con impaciencia pues ya te habías tardado.”

    Sí no conociera a la Parka diría que había algo de melancolía en su voz cuando le dijo: “Ochenta años viviendo y no has podido entender el regalo que es la vida. No te puedo llevar de esta forma, así que te haré una propuesta. No te llevaré hoy y volveré en un año. Cuando vuelva quiero que me des 3 motivos por los cuales quieras seguir viviendo. Si lo consigues, te haré un rey en el más allá, tendrás todo lo que quieras cuando lo quieras, y jamás conocerás el dolor.”

    El viejo, al considerar esa nueva vida, decidió estrecharle la mano. No veía mucha posibilidad de ganar, pues era muy difícil encontrar motivaciones en su situación. Pero aguantar otro año de vida no le parecía tan malo si la recompensa era una eternidad llena de gloria y riquezas. Y así salió a hacer algo que no había hecho en 20 años; salió a vivir. Yo me encontraba demasiado aburrido en el momento así que decidí volar detrás de él durante un año para ver en que acababa este asunto.  

    A la mejor, inspirado por los pájaros que no se callan; en esos días donde las presuntuosas jacarandas deciden despertarse y el calor no le tiene piedad a los emplumados, el anciano decidió empezar por hacer realidad un sueño frustrado: tomó clases de piano. Desde que era un adolescente tenía ganas de aprender, pero nunca tuvo el valor. Al principio le dio pena, no le gustaba sentirse inexperto en algo a tan avanzada edad. Pero poco a poco el gusto y la práctica transformaron al tímido principiante en un experto.

    Llegaron los meses en el que el mismo cielo llena los cántaros y los niños ponen en riesgo la salud mental de los padres, quedándose en casa sin escuela. Queriendo saber el verdadero significado de la palabra descanso, encargaron al viejo cuidar a su nieto. Al convivir con él, se sorprendió de la habilidad que el niño tenía para el ajedrez. El viejo solía jugar mucho cuando era joven.  Al enterarse que el pequeño había empezado a jugar hace dos años y que al siguiente se iba a inscribir en un concurso entre varias escuelas, el abuelo le dio varios consejos y le ayudó a practicar.

    Con el tiempo volvió tan suyo el lenguaje entre generaciones, que nunca más necesito traductor. El viejo se dio cuenta que no había mucha diferencia entre ser un niño hoy y ser uno hace 70 años. Cada práctica iba acompañada de un sin fin de anécdotas contadas. Al abuelo le sorprendió el ser atentamente escuchado y por primera vez en años sintió que todavía tenía algo que aportar.

    El regreso a clases fue muy triste para ambos, lo cual es entendible. Para un lado, es muy difícil que un niño se emocione por estar encerrado horas en un cuarto solo viendo al frente. Por el otro, es doloroso no poder pasar tanto tiempo con una audiencia que realmente esté interesada en escuchar tus relatos.

    En esa época del año en el que el sol empieza a rendirse ante la luna y los muertos vienen de visita, el viejo esperaba la temprana llegada de la huesuda. Sin embargo, lo que realmente se apareció fue un sentimiento del cual erróneamente se cree que solo pueden tener los jóvenes. Nació de a poco, gracias a una señora de aproximadamente su edad que iba todas las mañanas al mismo café. Un día empezaron a hablar. Un mes después ya eran buenos amigos. Para el siguiente, el viejo ya pensaba invitarla a salir.

    Él no podía entender cómo seguía siendo posible que alguien le hiciera sonreír solo con su presencia. En sus propias palabras volvía a sentir “mariposas en el estómago”. Nunca entendí ese dicho porque alguien que realmente conoce a las mariposas sabría que no debe ser la sensación más agradable tener a esos bichos en cualquier parte de tu cuerpo sin haberlos masticado antes.

    Afortunadamente empezó la temporada donde las noches son más largas. llego el frío y con el, la huesuda volvió.

     “¿Y bueno, cuál es tu respuesta?”, preguntó al viejo. A lo que él contestó sin dudarlo: “Quiero vivir porque quiero aprender a componer mi propia canción. Quiero vivir porque quiero ver a mi nieto ganar su torneo de ajedrez. Quiero vivir porque quiero a una mujer.”

    Por alguna extraña razón, a la Parka le gusta sentarse en mi árbol. Esto ha pasado tan seguido que he llegado a conocerla de una manera más profunda que cualquier humano. El viejo pensó que la había frustrado, pero solo yo me di cuenta que estaba sonriendo.  “Cumpliste tu parte del trato y ahora es momento de que yo cumpla el mío. Te llevaré y en el más allá tendrás fama, tendrá riquezas y tendrás gloria.” El viejo dudó un rato y luego preguntó “Si no fuera mucha molestia quisiera cambiar mi recompensa.”

    La sonrisa inexistente de la Muerte creció un poquito más. “Dime ¿Por qué cosa cambiarias una vida eterna sin dolor ni sufrimiento?” a lo que el viejo contestó: “Simplemente, por un año más en esta vida”.

  • El culto de la roca

    El culto de la roca

    El prado, cerca del bosque donde se encontraba mi árbol, fue el lugar que eligió el pueblo nómada para asentarse. Después de pasar una eternidad buscando hogar y compartiendo todo lo que encontraban, se dieron cuenta de que la vida de un sedentario es muy diferente a la vida de un nómada. Ahora tenían que preocuparse por cuál pedazo de tierra le tocaba a cada quien y de cómo iban a repartir lo que cada uno producía.

    Para evitar problemas, el jefe convocó a todos a una reunión para decidir cuáles iban a ser las nuevas reglas. Después de tres días, largos como 100 años,  y  tediosos como la propia discusión, por fin todos estuvieron de acuerdo en un reglamento. Para no olvidarlo, decidieron grabar  sus reglas en una gran roca que estaba cerca, pero en un lugar poco visible.

    Colocarla al centro de su asentamiento para que siempre pudiera ser vista por todos, se convirtió en una tarea difícil que ocupó a la comunidad entera. La piedra era muy grande y pesada, empujándola no lograban moverla ni un centímetro. Fue hasta que el “tonto” del pueblo descubrió que desde un ángulo en particular podían moverla, lograron ponerla en donde quisieron. De esta manera se estableció el culto de la roca.  

    La roca llegó a ser considerada sagrada por todos, pues gracias a sus reglas la comunidad pudo prosperar. No había conflictos, el espacio había sido medido para que cada quien tuvieran un espacio suficiente de terreno y recibiera equitativamente parte de los recursos que se producían. También había reglas para elegir al líder y se establecía los límites de su liderazgo, al igual que sus privilegios. Violar el reglamento escrito en la roca era sinónimo de estar en contra de la comunidad.

    Desgraciadamente, esto no fue para siempre. Con el tiempo la comunidad creció y todo cambio. Las casas se modificaron; la gente empezó a creer distinto; nuevos líderes fueron elegidos y despojados; y nuevos instrumentos fueron creados para facilitar la vida de todos; lo único que parecía eterno era la roca.

    Entre más gente había menos espacio quedaba. El sistema para repartir terreno fue insuficiente, y mucha gente se quedó sin casa. Los afortunados, que tenían los terrenos más grandes, se aprovecharon de la situación y empezaron a contratar y explotar a los menos afortunados. Hubo rumores de que algunos quería modificar este sistema; pero nunca se habló en voz alta porque significaría desafiar a la roca y la roca era sagrada.

    Entre menos terreno quedaba, menos recursos se producían. Si se querían seguir las reglas puestas en piedra, se tendrían que excluir a algunas personas a la hora de repartir recursos. Pronto la miseria y la hambruna se convirtieron en la normalidad. Algunos se preguntaron “¿Por qué tenemos que seguir a la roca al pie de la letra?” y la respuesta siempre fue “porque la roca siempre ha estado ahí”.

    Entre más hambre había, más difícil fue la tarea de liderar. Hubo líderes que fueron tiranos y gobernaron con mano dura. Hubo otros que fueron negligentes y nunca intentaron solucionar ningún problema. También hubo quienes fueron egoístas, y solo vieron por sus propios intereses, nunca por los de su pueblo. La gente solo los aceptó, pues habían sido elegidos conforme a las reglas de la piedra. Alguien alguna vez  tuvo la ocurrencia intentar mover la piedra para no tener que seguir sus reglas, pero fue tratado como un loco porque se creía que era imposible.

    Ha sido interesante verlos desde mi árbol. Verlos vivir en sufrimiento pensando que esa es la normalidad. Y sobre todo ver como se les ha olvidado que la roca no tiene nada de sagrado, que no siempre estuvo ahí, y que cualquier persona, empujándola desde la posición correcta, podía moverla.

  • ¿Por qué el tecolote?

    ¿Por qué el tecolote?

    De todos los guardianes de los cielos, el tecolote es el más interesante. Mucho se puede hablar del águila quien gobierna desde arriba demostrando su poder y su majestuosidad; del halcón cuya velocidad rivaliza a la de cualquier coche; del colibrí el cual demuestra su espíritu de guerrero, peleando cada día para mantenerse vivo; o del ruiseñor, cuyo canto puede dejar pasmado al mejor de los poetas. Pero de todos ellos, el tecolote es quién tiene más que decir.

    Algunos lo ven como un símbolo de razón y sabiduría. Otros, como un canal al mundo mágico. Incluso hay quienes lo consideran un augurio de muerte.

    El inigualable sigilo con el que caza, su visión y la inexplicable preferencia por la vida nocturna son cualidades que le han dado dicha reputación, pero lo que lo hace realmente interesante es su naturaleza de observador.

    Parado en su árbol mira con detenimiento al mundo que lo rodea. Rara vez le gusta interactuar con él, pero siempre disfruta escucharlo. El tecolote vio el inicio de nuestra historia y probablemente vea el final.

    Yo sé esto porque lo conocí y compartió conmigo sus historias. De algunas él fue testigo, otras le fueron contadas por amigos o como decía él «gente con muchas ganas de hablar». Este es un tesoro que no puede ser solo mío, de ahí que a continuación encontraran dichos relatos esperando con humildad poder transmitirlos tal cual me fueron regalados.

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