
“Al Fin!” grito el viejo, sin ningún respeto por los que si tenemos algo que hacer en la noche, cuando la Flaca se le apareció en su cuarto. La Catrina, sorprendida, y un poco indignada, contestó: “¿Así me recibes, de forma impaciente, cuando la mayoría de los mortales no quieren verme nunca? Cuando me le aparezco a alguien, espero que me insulte, me suplique, que intente negociar o incluso pelear contra mí; pero, siempre es raro ver que alguien se rinda de manera tan fácil.”
El viejo, con la mirada baja, le contestó “Estoy cansado. Después de 80 años de vida ya no se puede hacer nada. He aprendido todo lo que tenía que aprender. Hace dos años te llevaste a mi esposa y me dejaste solo. Mi familia, aunque no lo dicen, me consideran un estorbo. No entiendo a mi nieto ni a su generación. El mundo es totalmente diferente al que yo crecí, por lo tanto, ya no me necesita. Entonces, claro que te recibo con impaciencia pues ya te habías tardado.”
Sí no conociera a la Parka diría que había algo de melancolía en su voz cuando le dijo: “Ochenta años viviendo y no has podido entender el regalo que es la vida. No te puedo llevar de esta forma, así que te haré una propuesta. No te llevaré hoy y volveré en un año. Cuando vuelva quiero que me des 3 motivos por los cuales quieras seguir viviendo. Si lo consigues, te haré un rey en el más allá, tendrás todo lo que quieras cuando lo quieras, y jamás conocerás el dolor.”
El viejo, al considerar esa nueva vida, decidió estrecharle la mano. No veía mucha posibilidad de ganar, pues era muy difícil encontrar motivaciones en su situación. Pero aguantar otro año de vida no le parecía tan malo si la recompensa era una eternidad llena de gloria y riquezas. Y así salió a hacer algo que no había hecho en 20 años; salió a vivir. Yo me encontraba demasiado aburrido en el momento así que decidí volar detrás de él durante un año para ver en que acababa este asunto.
A la mejor, inspirado por los pájaros que no se callan; en esos días donde las presuntuosas jacarandas deciden despertarse y el calor no le tiene piedad a los emplumados, el anciano decidió empezar por hacer realidad un sueño frustrado: tomó clases de piano. Desde que era un adolescente tenía ganas de aprender, pero nunca tuvo el valor. Al principio le dio pena, no le gustaba sentirse inexperto en algo a tan avanzada edad. Pero poco a poco el gusto y la práctica transformaron al tímido principiante en un experto.
Llegaron los meses en el que el mismo cielo llena los cántaros y los niños ponen en riesgo la salud mental de los padres, quedándose en casa sin escuela. Queriendo saber el verdadero significado de la palabra descanso, encargaron al viejo cuidar a su nieto. Al convivir con él, se sorprendió de la habilidad que el niño tenía para el ajedrez. El viejo solía jugar mucho cuando era joven. Al enterarse que el pequeño había empezado a jugar hace dos años y que al siguiente se iba a inscribir en un concurso entre varias escuelas, el abuelo le dio varios consejos y le ayudó a practicar.
Con el tiempo volvió tan suyo el lenguaje entre generaciones, que nunca más necesito traductor. El viejo se dio cuenta que no había mucha diferencia entre ser un niño hoy y ser uno hace 70 años. Cada práctica iba acompañada de un sin fin de anécdotas contadas. Al abuelo le sorprendió el ser atentamente escuchado y por primera vez en años sintió que todavía tenía algo que aportar.
El regreso a clases fue muy triste para ambos, lo cual es entendible. Para un lado, es muy difícil que un niño se emocione por estar encerrado horas en un cuarto solo viendo al frente. Por el otro, es doloroso no poder pasar tanto tiempo con una audiencia que realmente esté interesada en escuchar tus relatos.
En esa época del año en el que el sol empieza a rendirse ante la luna y los muertos vienen de visita, el viejo esperaba la temprana llegada de la huesuda. Sin embargo, lo que realmente se apareció fue un sentimiento del cual erróneamente se cree que solo pueden tener los jóvenes. Nació de a poco, gracias a una señora de aproximadamente su edad que iba todas las mañanas al mismo café. Un día empezaron a hablar. Un mes después ya eran buenos amigos. Para el siguiente, el viejo ya pensaba invitarla a salir.
Él no podía entender cómo seguía siendo posible que alguien le hiciera sonreír solo con su presencia. En sus propias palabras volvía a sentir “mariposas en el estómago”. Nunca entendí ese dicho porque alguien que realmente conoce a las mariposas sabría que no debe ser la sensación más agradable tener a esos bichos en cualquier parte de tu cuerpo sin haberlos masticado antes.
Afortunadamente empezó la temporada donde las noches son más largas. llego el frío y con el, la huesuda volvió.
“¿Y bueno, cuál es tu respuesta?”, preguntó al viejo. A lo que él contestó sin dudarlo: “Quiero vivir porque quiero aprender a componer mi propia canción. Quiero vivir porque quiero ver a mi nieto ganar su torneo de ajedrez. Quiero vivir porque quiero a una mujer.”
Por alguna extraña razón, a la Parka le gusta sentarse en mi árbol. Esto ha pasado tan seguido que he llegado a conocerla de una manera más profunda que cualquier humano. El viejo pensó que la había frustrado, pero solo yo me di cuenta que estaba sonriendo. “Cumpliste tu parte del trato y ahora es momento de que yo cumpla el mío. Te llevaré y en el más allá tendrás fama, tendrá riquezas y tendrás gloria.” El viejo dudó un rato y luego preguntó “Si no fuera mucha molestia quisiera cambiar mi recompensa.”
La sonrisa inexistente de la Muerte creció un poquito más. “Dime ¿Por qué cosa cambiarias una vida eterna sin dolor ni sufrimiento?” a lo que el viejo contestó: “Simplemente, por un año más en esta vida”.
Deja un comentario